Paz
del alma: La avenida del cielo
Por
Susan Brinkman
Corresponsal del CS&T
Traducido por Mercedes Pozo
¡Paz del alma! Los maestros espirituales la llaman el camino al Paraíso
— la avenida al Cielo. Incluso la palabra inspira dicha y sosiego,
pero, ¿la tiene cualquiera?
En estos caóticos, y apresurados estilos de vida, siempre hay algo
por qué preocuparse, algo que meditar, o que pensar detenidamente.
¡Nuestras mentes no permanecen quietas! Añadida a este ruido
interior hay toda clase de emociones crudas como ansiedad, disgusto, impaciencia.
No sólo ésto nos hace candidatos para toda clase de problemas
físicos relacionados con el estrés, sino que también
causa caos en nuestra vida espiritual.
En 1731, el gran director espiritual, Padre. J. P. de Caussade, declaró
que la paz del alma es el gran principio de la vida espiritual. Escribió
a uno de sus pupilos, «Recuerda toda tu vida que una de las principales
causas del pobre progreso (espiritual) que cierta gente buena hace, se debe
a que el demonio continuamente llena sus almas con inquietantes perplejidades
y problemas».
Y continúa, «Sólo la paz y tranquilidad de espíritu
da al alma la gran fuerza para realizar todo lo que Dios desea, en cambio
que los problemas e inquietudes transforman el alma en un débil y
lánguido inválido».
¡Cuánta verdad hay en esto! El problema, es para el alma lo
que la fiebre es para el cuerpo. ¡Paz es la salud y la fuerza del
alma!
Es tan importante mantener la paz del alma, que Padre. de Caussade escribe,
«El momento en que esté en peligro la paz de tu alma todo lo
demás debe ser abandonado para restablecerla, como cuando la casa
está incendiándose, todos abandonamos cualquier otra cosa
para extinguir el fuego».
El ruido interior es la causa principal por la que tantos de nosotros tenemos
dificultad para oír a Dios durante la oración. «Agitación
y problema en nuestra alma nos previene de oír la suave voz y las
delicadas inspiraciones del Espíritu Santo», Padre de Caussade
escribe. La Santa Escritura confirma esta descripción de la Voz del
Señor con el profeta Elías quien aprendió a oír
al Señor en el susurro del viento, y no en el rugido de la tormenta.
La falta de paz del alma puede ser la razón por la que muchos de
nosotros tenemos dificultad en discernir si la inspiración viene
de nosotros, o del Señor, o del demonio. «Los maestros de la
vida espiritual dan este gran principio para distinguir las verdaderas inspiraciones
de Dios de las que provienen del demonio», Padre de Caussade escribe,
«esto es, las de Dios son siempre gentiles y pacíficas y nos
conducen a la confianza y a la humildad mientras que las del demonio nos
agitan, inquietan, y causan turbulencia, encaminándonos al desgano
y suspicacia. Debemos rechazar con firmeza todo lo que no tenga estas marcas
de paz, sumisión, gentileza y confianza».
Asi es que, ¿de dónde es que provienen estos ruidos?
Presentimientos de miedo y ansiedad
Tenemos gran propensión de preocuparnos por cosas que probablemente
nunca sucederán.
Padre de Caussade escribe, «Por que somos tan buenos artesanos en
atormentarnos antes de tiempo por cosas que quizás nunca se realicen?
¡Es suficiente para cada día el mal propio! Premeditadas inquietudes
hacen tanto daño; ¿Por qué entonces toleramos estos
con tanta facilidad? ¡Nosotros somos los enemigos de la paz del alma!»
Entretenerse en estos y otros pensamientos de temor es una mala idea.
Podemos usar la prueba básica de Padre de Caussade para comprobar
la clase de miedo que nos permitimos considerar.
«Un miedo saludable es aquel que no causa problemas, inquietudes,
ni desconsuelo. Cuando produce efectos contrarios, debemos desterrarlos,
porque en éste caso ciertamente proviene del demonio o de nuestro
narcisismo».
La mejor forma de desterrar estos pensamientos de temor es «tirarlos
como piedras», de acuerdo con Padre de Caussade.
Luchar contra ellos o razonar con ellos es hacer las cosas peores. Simplemente
destierre el pensamiento y piense en otra cosa.
Deseos incontrolados
Otra de las causas mayores del ruido interior son los deseos incontrolados.
Hasta que no aprendamos a querer como Dios quiere — y cuando Él
lo quiera — esta causa particular continuará siendo la perdición
de nuestra vida espiritual.
Escribale a Susan Brinkmann a la dirección electrónica:
fiat723@aol.com o llame al (215) 965-4615.
|