Trabajando
juntos para prevenir las leyes injustas
por Mons. Hugh Shields
Redacción del CS&T
Una carta del arzobispo Donald W. Wuerl de Washington D.C. que fue leída
desde la tarima durante la demostración del día 7 de septiembre,
allá en Washington, pareció capturar el espíritu del
día. En aquella carta el arzobispo dijo que la Iglesia católica
NO está interesada en la reforma de Ley de Inmigración a fin
de llenar los bancos de sus iglesias (como es expresado por algunos) sino
para llenar los estómagos de los muchos hambrientos quiénes
vienen a nuestro país buscando una mejor vida para ellos y sus familias.
Las responsabilidades, necesidades y derechos de nuestra población
entera — documentada o indocumentada — tienen que ser examinados
sinceramente si queremos lograr lo que nuestros obispos están tratando
de obtener en nuestra Campaña de Justicia para los Inmigrantes (Justice
for Immigrants Campaign). El derecho de proteger fronteras, el derecho al
salario justo, el derecho a la unificación de familia, la honradez
en la práctica de contrato y paga, la responsabilidad en la ganancia
de una ciudadanía sumamente estimada en este país, el derecho
a no ser expulsado de su país natal por acuerdos de comercio injustos,
todo esto, y más es, lo que nuestros obispos nos llaman, como católicos,
a fomentar en cualquier tipo de legislación.
Existe mucha información errónea, popularizada sin reflexión,
que coloca a aproximadamente doce millones de nuestros hermanos y hermanas
que son indocumentados en la misma categoría con terroristas, traficantes
de droga y amenazas a nuestra sociedad. «Lo ilegal, es ilegal»,
«rompen la ley», «agotan los recursos de nuestra sociedad»,
(y muchas otras) son frases aplicadas a aquellos que viven y trabajan entre
nosotros sin la documentación apropiada.
No puedo evitar el creer que los afroamericanos que participaron en la demostración
del 7 de septiembre recordaban a «aquellos que rompieron la ley»
y que ayudaron al «Undergrown Railroad» durante el tiempo de
esclavitud. Los antepasados de nuestros polacos, ucranianos, checos, participantes
en Washington en la demostración, podrían decirnos volúmenes
sobre los «rompedores de la ley» que ocultaron de la ley a judíos,
gitanos, y discapacitados durante el reino de terror bajo el régimen
Nazi. La manera de pensar incondicional que implica que los indocumentados
simplemente «agotan» más bien que «añaden»
a los recursos en nuestra sociedad, es simplemente incierta.
Durante la fiesta de San Pedro Claver, aquí en Filadelfia, el obispo
Joseph Perry habló en su homilía acerca de un obispo auxiliar
hispano de Chicago y líderes hispanos de Chicago, que fueron convocados
a la oficina de un congresista en Washington para informarles que la Iglesia
católica debe dejar de organizar esas marchas y manifestaciones.
La Iglesia católica no está organizando esas manifestaciones....
Los Valores evangélicos, la Verdad, y la Justicia los están
organizando. De hecho, la Iglesia católica — cómo en
usted y yo — necesita estar en la vanguardia de estas demostraciones
o las palabras del reverendo Martin Niemöller se pueden convertir en
realidad: «En Alemania, primero vinieron por los comunistas y yo no
levanté mi voz porque yo no era un comunista Entonces vinieron por
los judíos y yo no levanté mi voz, porque yo no era un judío.
Entonces vinieron por los católicos y yo no levanté mi voz
porque yo no era un católico. Entonces vinieron por los protestantes
y yo no levanté mi voz porque yo no era un protestante. Entonces
vinieron por mí y ¡no quedaba nadie para levantar su voz por
mí!
Mons. Hugh Shields es el Vicario para Hispanos Católicos de la
Arquidiócesis de Filadelfia.
También
somos americanos
por
la Hna. Ruth Bolarte
Redacción del CS&T
El 7 de septiembre pasado, yo tuve la oportunidad de ser parte de la delegación
de Filadelfia que viajó a Washington D.C., a participar en la marcha
en favor de leyes justas para los inmigrantes. La delegación estaba
compuesta por representantes de uniones laborales, grupos de diferentes
religiones así como grupos étnicos.
Fue una tarde soleada en los parques de Washington. Llegamos aproximadamente
a las 3 de la tarde y nos encontramos con cientos de personas que estaban
dispuestos y ansiosos de defender los derechos humanos de millones de personas
sin documentos. A través de mi trabajo con la comunidad hispana,
me he hecho más consciente de las circunstancias e injusticias que
los inmigrantes tienen que sufrir cada día. Su sufrimiento me ha
animado a informarme mejor acerca de las leyes que se relacionan a los inmigrantes.
Este hecho se hace aún más importante para aquellos de nosotros
que tienen el derecho y privilegio de votar como ciudadanos estadounidenses.
La mayoría de los representantes que se dirigieron a la multitud,
nos exhortaron a hacer uso de nuestro derecho de elegir legisladores que
respeten la dignidad humana de todos los pueblos.
Aunque era obvia la predominancia de la presencia hispana/latina, hubieron
delegaciones de todo el mundo. Conocimos a Catherine, una mujer de Donegal,
Irlanda, quien vino desde Nueva York con la delegación irlandesa.
También estuvieron los coreanos quienes habían diseñado
una banderola magnífica con la frase, «La comunidad coreana
ama a los latinos». Es evidente que el tema de la inmigración
no es importante solamente para los hispanos, sino para todos aquellos que
llegan a este país en busca de un futuro mejor. Este no es un tiempo
para construir paredes, sino para abrir nuestros hogares y corazones.
Mientras que alrededor de 5,000 personas marchaban frente al Capitolio con
banderas estadounidenses, banderolas y carteles, sentí que realmente
éramos el Cuerpo de Cristo. La presencia de la Iglesia católica
a través de sus líderes religiosos es una fuente de fortaleza
para aquellos que se sienten abandonados y sin poder alguno. Entre los líderes
religiosos de Filadelfia se encontraban: el Mons. Hugh Shields, el P. Stephen
Grozio, C.M., el P. Joe Cummins, C.M., la Hna. Christine Mura, D.C., la
Hna. Eileen Marnien, SSJ, la Hna. Dominica Le Bianco, OSF. y la Hna. Maryanne
Fazakerley, IHM. Juntos con la delegación de laicos marchamos para
pedir — para demandar — un camino hacía la ciudadanía
de los indocumentados.
Me conmovieron mucho las palabras de gratitud, de una señora de Guatemala,
que expresó a Mons. Shields, a la Hna. Eileen y a mí antes
de que saliéramos de Filadelfia. Ella dijo que nosotros éramos
la voz de ella y de muchos otros. Los inmigrantes estaban experimentando
la «presencia de Jesús» a través de nosotros.
Tal vez no podamos encontrar soluciones rápidas al sufrimiento, discriminación
y otras injusticias que las personas sin documentos tienen que vivir. Lo
que podemos hacer, sin embargo, es acompañarlos en sus jornadas y
continuar los esfuerzos para cambiar las leyes sobre la inmigración.
Mientras tanto, les podemos hacer saber de alguna manera pequeña
o grande que ellos no están solos; que tienen en nosotros personas
que estamos listas a darles la bienvenida.
La hna. Ruth Bolarte, I.H.M., es directora del Instituto Católico
para Evangelización.
Misa celebrará la Herencia Hispana
Durante este tiempo de septiembre y octubre, a través de la nación
se celebrará el Mes de la Herencia Hispana. Los católicos
hispanos de nuestra arquidiócesis tendrán una oportunidad
de celebrar juntos su herencia y su fe, profundamente católica, en
una misa especial que tendrá lugar el domingo 8 de octubre del 2006,
comenzando a las 2:00 de la tarde. La misa se llevará a cabo en la
Catedral Basílica de San Pedro y Pablo en las calles 18 y el Parkway.
Vengan todos a celebrar las costumbres, tradiciones, fe y alegria que son
parte de nuestro pueblo hispano Los esperamos para, unidos, celebrar este
evento que tanto significa para el pueblo hispano.
Hemos pedido a los participantes que vengan con los trajes típicos
de sus países, para mostrar algo de las bellezas y tradiciones de
nuestros países nativos. Representantes de los países latinoamericanos
de habla hispana, y España, desfilarán dentro de la Catedral
con estandartes de sus santos patrones y banderas de sus países.
Después de la misa tendremos un compartir al que todos están
invitados.
¡Qué vivan las tradiciones hispanas!
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