Obispos
se hacen eco del llamado urgente del Papa a trabajar por el cuidado
medioambiental
WASHINGTON
— El Papa Benedicto XVI eligió el desarmamiento nuclear y
la preocupación medioambiental como los temas principales de su
mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, que se celebrará el
próximo 1 de enero de 2008. El mensaje, que este año lleva
por título “Familia humana, comunidad de paz”, se dio
a conocer a público el 11 de diciembre.
“La llamada urgente del Papa Benedicto XVI a que las naciones muestren
‹‹ una determinación más firme de cara al desmantelamiento
progresivo y concordado de las armas nucleares existentes››
debería ser una de las preocupaciones principales y prioritarias
para los ciudadanos del mundo”, dijo el Cardenal Francis George,
presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados
Unidos. “La preocupación del Santo Padre por el medio ambiente
también es de capital importancia”.
El Papa Benedicto señala la importancia de la familia natural en
este campo. “La familia es la primera e insustituible educadora
de la paz”, dice el Papa en su mensaje, “no ha de sorprender,
pues, que se considere particularmente intolerable la violencia cometida
dentro de la familia”. La familia es de vital importancia para el
mantenimiento de la paz en la sociedad, dice, “porque permite tener
experiencias determinantes de paz”. El Papa afirma que “quien
obstaculiza la institución familiar, aunque sea inconscientemente,
hace que la paz de toda la comunidad, nacional e internacional, sea frágil,
porque debilita lo que, de hecho, es la principal « agencia »
de paz”.
Otro punto importante es el cuidado del medio ambiente. “Un ámbito
en el que sería particularmente necesario intensificar el diálogo
entre las Naciones es el de la gestión de los recursos energéticos
del planeta”, dice el Papa. “Se plantea una doble urgencia
para los Países tecnológicamente avanzados: por un lado,
hay que revisar los elevados niveles de consumo debidos al modelo actual
de desarrollo y, por otro, predisponer inversiones adecuadas para diversificar
las fuentes de energía y mejorar la eficiencia energética”.
Y continúa diciendo que “Los Países emergentes tienen
hambre de energía, pero a veces este hambre se sacia a costa de
los Países pobres que, por la insuficiencia de sus infraestructuras
y tecnología, se ven obligados a malvender los recursos energéticos
que tienen”. Las consecuencias políticas y sociales de esto
preocupan al Pontífice, quien afirma que “A veces, su misma
libertad política queda en entredicho con formas de protectorado
o, en todo caso, de condicionamiento que se muestran claramente humillantes”.
Las desigualdades económicas entre las naciones preocupan igualmente
al Papa. “Es preciso comprometerse en emplear acertadamente los
recursos y en distribuir la riqueza con equidad. En particular, las ayudas
que se dan a los Países pobres han de responder a criterios de
una sana lógica económica, evitando derroches que, en definitiva,
sirven sobre todo para el mantenimiento de un costoso aparato burocrático.”
La lógica del mercado debe estar sujeta a exigencias morales básicas,
afirma el pontífice. “Se ha de tener también debidamente
en cuenta la exigencia moral de procurar que la organización económica
no responda sólo a las leyes implacables de los beneficios inmediatos,
que pueden resultar inhumanas”.
El Papa resaltó igualmente la importancia de unas normas morales
básicas contenidas en la ley natural. “Para alcanzar la paz
se necesita una ley común, que ayude a la libertad a ser realmente
ella misma, en lugar de ciega arbitrariedad, y que proteja al débil
del abuso del más fuerte. En la familia de los pueblos se dan muchos
comportamientos arbitrarios, tanto dentro de cada Estado como en las relaciones
de los Estados entre sí. Tampoco faltan tantas situaciones en las
que el débil tiene que doblegarse, no a las exigencias de la justicia,
sino a la fuerza bruta de quien tiene más recursos que él.
Hay que reiterarlo: la fuerza ha de estar moderada por la ley, y esto
tiene que ocurrir también en las relaciones entre Estados soberanos”.
El Pontífice señala que el conocimiento de la norma moral
natural no es imposible para el hombre, pues “aunque sea con perplejidades
e incertidumbres, puede llegar a descubrir, al menos en sus líneas
esenciales, esta ley moral común que, por encima de las diferencias
culturales, permite que los seres humanos se entiendan entre ellos sobre
los aspectos más importantes del bien y del mal, de lo que es justo
o injusto. Es indispensable remontarse hasta esta ley fundamental empleando
en esta búsqueda nuestras mejores energías intelectuales,
sin dejarnos desanimar por los equívocos o las tergiversaciones”.
El Cardenal George urgió a todas las personas, en nombre de los
Obispos Católicos de EE.UU., a que “lean cuidadosamente el
mensaje del Papa”. El mensaje “expresa claramente que cada
uno de nosotros, como personas y como nación, tiene la responsabilidad
de trabajar por la paz, la cual comienza en la casa y se expresa tanto
en la manera en que nos tratamos unos a otros como en la forma en que
usamos todos los recursos de la tierra”, dijo el Cardenal.